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Ricino, higuerilla, higuera del diablo, tartaguera, árbol del demonio

Ricinus communis

Autores

E.B. Miras Pérez, A. F. Carrillo López & R. Díaz García

Descripción

Se trata de un arbusto o árbol de pequeño tamaño que puede alcanzar de 3 a 6 m. Es de color verde claro a azul grisáceo, siendo en ocasiones rojizo. Posee unas hojas palmeadas y sus flores se agrupan en inflorescencias. Los frutos están cubiertos de púas blandas que adquieren mayor rigidez conforme van madurando. Las semillas son grandes, lisas y pardas con manchas jaspeadas. Su floración se produce a los 6 meses de edad y las plantas maduras pueden florecer todo el año. Se reproduce por semillas (reproducción sexual) y se dispersa antropocoramente (por la acción humana) e hidrocoramente (a través del agua). Además, tiene alta capacidad de rebrote (reproducción asexual o vegetativa).

Muestra una gran resistencia a la sequía y requiere climas cálidos sin heladas. Está presente en hábitats alterados como ramblas, eriales, escombreras o acequias; por lo que se le puede considerar como un bioindicador de hábitats degradados.

Origen e introducción

El ricino es originario de África tropical y se ha naturalizado por todo el área mediterránea. En la Región de Murcia, aparece extendido de modo puntual en toda l mitad sur, penetrando hasta Cieza por las vegas del Segura. Fue introducido, inicialmente por su valor medicinal y cosmético, posteriormente por su uso ornamental.

Impacto

Produce efectos negativos sobre el hábitat y las especies presentes. En concreto, genera alteraciones en la estructura y abundancia relativa de especies nativas o endémicas, y en los patrones de sucesión natural de la vegetación autóctona. También, impide o dificulta la regeneración de especies endémicas o nativas debido a su alta capacidad de crecimiento, compitiendo con las especies por los recursos. Además, se trata de una especie perjudicial para el ser humano si es consumida, por la presencia de sustancias tóxicas en distintos órganos de la planta.

Cómo erradicarlas

Para la erradicación del ricino se han empleado diferentes métodos mecánicos y químicos, entre los cuales destaca el uso del fuego, siendo este muy efectivo. Sin embargo, en las zonas de clima mediterráneo se desaconseja completamente su empleo, debido al gran riesgo que conlleva de producirse un incendio. Es aconsejable la utilización de medios mecánicos o químicos, bien de forma separada o conjunta. El control mecánico mediante tala es ineficaz ya que la especie posee una gran capacidad de rebrote, debiéndose extraer los ejemplares con el sistema radicular. En cuanto a los métodos químicos, pueden emplearse diversos herbicidas con acción sobre especies leñosas; siempre con precaución y asegurando la protección del medio ambiente.


Especies Aloctonas - CARM 2017

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